Había una vez en un reino lejano
una madastra empeñada en el engaño,
y con un mágico espejo
deseaba saber la verdad de sus deseos.
Dime, dime, querido espejo,
el nombre de la más bella en este reino;
entonaba la mujer una y otra vez
esperando la respuesta que tanto gusta obtener.
Mas sin embargo por primera vez,
después de tantos la respuesta no fue
que la más bella de entre todos ella es,
pues los años le han llegado y bella ya no es.
Al final de sus palabras, todo habría estado bien,
de no ser porque la hija es el nuevo rostro que ver.
Tan furiosa que palabras no pueden expresar,
trama en odio y venganza la muerte de aquella que osa superarla
en resplandor y juventud, cual injusticia grata.
Ven aquí y elíminala, pide ella
y el cazador asiente con la cabeza.
Sale escondido entre las sombras
y busca su presa seguro indefensa.
Al fin la encuentra y la acecha,
sólo una flecha y misión completa.
Pero en el momento oportuno,
La conciencia golpea con fuerza
y considera aquella ofensa.
Es inocente y no culpa tiene,
pues esa belleza nadie la quiere
a menos que envidia opaque su mente,
y más alla que la reina desee.
Al fin decide, proponer un trato:
'Dame tu sangre y prueba tendré,
de que mi misión he cumplido
y no he fallado en mi cometido'.
Ella no duda y rasga su piel,
la sangre brota, cual dulce miel.
Pido perdón por mi existencia
le dice ella, en confidencia.
La hija muerta son las noticias,
que aquella madre recibe ese día.
Y el cazador escapa de noche,
dinero en mano, escapando a galope.
La niña llega a un lugar escondido
repleta de hombres, simples desconocidos.
Pide asilo con lágrimas en cara,
los dueños aceptan de mala gana.
Mientras la madre pide a su espejo,
le diga de nuevo quien es el dueño de aquel reflejo
que consume corazones y hombres enteros;
más la horrible sorpresa recibe
de que ella no es quien decide.
Aquella niña que le robo el puesto,
sigue viviendo y puede conseguir al más apuesto,
pues la belleza la sigue commo sal al mar
y ella rival, ni siquiera podra intentar.
Maldito cazador, maldito hombre!
Grita la madre con lloro inconforme.
Ha perdido dinero en vano,
y su reflejo sigue sin presentar cambio.
Al final decide, acabar con sus manos,
aquello que designo a un completo extraño.
Una manzana envenenada es la idea,
sin testigos ni huellas eso piensa.
Conocimientos escondidos y prohibidos
que en su juventud hubo adquirido,
empleó en un simple remedio casero
y una manzana metió en el caldero.
Vestida de anciana y con amplios deseos,
siguió el camino, cuidado y empeño.
Llego a la puerta, despacio, despacio...
tocó, regalo y sonrió con engaño.
La vio morder con sus rojos labios,
aquella manzana que había preparado.
La vio caer,y el rostro apagado,
tuvo suerte, había funcionado!
Con sonrisa en el rostro, feliz de su logro,
emprendido el camino a su casa tomó,
más al último instante ella recordó
que no hay nada mejor, que cuchillo en mano
...y sangre broto...
Y sangre brotó.
Un hombre apuesto, de origen noble,
deambulaba tranquilo sobre el viejo Cobre.
Cual fue el destino que le mandó,
a presenciar el final de aquello
que pudo ser su gran amor.
Sin más que hacer, con una gran pena,
emprendió el camino hacia una ruta ajena.
Nunca más, volvió por los parajes
de aquel lugar, donde brotó la camelia.
Una doncella dada por muerta,
fue abandona frente a su puerta.
Ni familia ni amor verdadero,
le ayudaron en ese gran aprieto.
Aquellos hombres,
que la acogieron,
al regresar de su trabajo
cuando vieron aquello,
decidieron seguir
y entrar a su hogar,
al fin no la conocían,
fue cosa de breve simpatía
que la dejaron entrar.
Y la niña blanca como la nieve,
tirada en el camino como un mueble,
cerró los ojos, sintió miedo,
no había esperanza en ese entierro.
Cuando la madrastra regreso a su hogar
subio escaleras de par en par,
ansiosa y loca por preguntar,
¿quien es la más bella del lugar?
Más sin embargo un grito desgarrador,
surgió de su garganta con cierto temblor,
pues su querido espejo no se encontraba
y en su lugar solo fragmentos quedaban.
Mientras en una choza oscura,
lejana de todo, a la luz de la luna,
miraba tranquilo un cazador
a aquella presa que le robo el corazón.
No queda nada, más que el presente
mira y acepta, a su nuevo pretendiente.
No importan los años, o las riquezas
ella ahora, duerme placentera
entre los brazos de aquel que la espera,
lejos de aquellos que siempre la acechan
pues su belleza encanta a cualquiera.
Feliz cazador que duerme tranquilo,
curó a una extraña y recibió alivio.
Pues el amor no lo es todo,
frente al dolor y peligro
para una joven que corrio con mal destino.
Current Mood:
curious